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Jorge Luis Borges
Argentina
El otro tigre
Pienso en un tigre. La penumbra exalta la vasta Biblioteca laboriosa y parece alejar los anaqueles; fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo, él irá por su selva y su mañana y marcará su rastro en la limosa margen de un río cuyo nombre ignora (en su mundo no hay nombres ni pasado ni porvenir, sólo un instante cierto.) Y salvará las bárbaras distancias y husmeará en el trenzado laberinto de los olores el olor del alba y el olor deleitable del venado. Entre las rayas del bambú descifro sus rayas y presiento la osatura bajo la piel espléndida que vibra. En vano se interponen los convexos mares y los desiertos del planeta; desde esta casa de un remoto puerto de América del Sur, te sigo y sueño, oh tigre de las márgenes del Ganges. Cunde la tarde en mi alma y reflexiono que el tigre vocativo de mi verso es un tigre de símbolos y sombras, una serie de tropos literarios y de memorias de enciclopedia y no el tigre fatal, la aciaga joya que, bajo el sol o la diversa luna, va cumpliendo en Sumatra o en Bengala su rutina de amor, de ocio y de muerte. Al tigre de los símbolos he opuesto el verdadero, el de caliente sangre, el que diezma la tribu de los búfalos y hoy, 3 de agosto del 59, alarga en la pradera una pausada sombra, pero ya el hecho de nombrarlo y de conjeturar su circunstancia lo hace ficción del arte y no criatura viviente de las que andan por la tierra.
Un tercer tigre buscaremos. Éste será como los otros una forma de mi sueño, un sistema de palabras humanas y no el tigre vertebrado que, más allá de las mitologías, pisa la tierra. BIen lo sé, pero algo me impone esta aventura indefinida, insensata y antigua, y persevero en buscar por el tiempo de la tarde el otro tigre, el que no está en el verso.
de, El hacedor, en Obra poética 1923-1985, Buenos Aires, Emecé, 1989
envio patricia damiano
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